sábado, 29 de mayo de 2010

Panorama de un Mundo sin Jesús


por Federico Bertuzzi

Habiendo centrado la atención en los menesteres inmediatos y locales, los discípulos fueron desafiados a levantar la mirada y extender la visión. Al igual que entonces, hoy también tendemos a fijar la mirada hacia abajo. Pero cuando levantamos los ojos, el panorama se nos agranda y la visión se amplía...

Se cuenta que tres albañiles estaban preparando mezcla en una obra en construcción. Alguien se les acercó y preguntó a uno de ellos:
–¿Qué está haciendo usted?
El primero de ellos le respondió:
–¿No ve usted que estoy haciendo mezcla con cal, arena y cemento?
Luego se le preguntó al segundo de ellos qué estaba haciendo y la respuesta fue:
–Estamos levantando una pared.
Pero cuando se le requirió al tercer albañil qué era o que estaba haciendo, este expresó decididamente:
–Estamos construyendo una catedral.
Los tres operarios estaban juntos participando del mismo trabajo, pero cada uno de ellos tenía una visión distinta. El primero apenas si veía solamente la pala y la mezcla. El segundo tenía una visión algo más amplia. Habló de la pared. Pero el tercero, si bien estaba revolviendo la misma mezcla que los otros dos, se sentía parte de un ambicioso proyecto: Levantar una catedral.
¿Cuál es la visión que tenemos mientras servimos al Señor? ¿Vemos apenas lo que cada uno está haciendo en ese preciso momento y lugar? ¿Alcanzamos a visualizar lo que se está haciendo en toda la ciudad, provincia, denominación? ¿O habrá quienes, poseyendo todavía una visión más amplia, se sentirán parte de un tremendo proyecto mundial de Dios que, cual glorioso templo, se va levantando con las piedras vivas que son todos los redimidos por la sangre del Cordero?

EL CAMPO ES EL MUNDO
"Alzad vuestros ojos y mirad los campos" (Jn. 4.35). Habiendo centrado la atención en los menesteres inmediatos y locales, los discípulos fueron desafiados a levantar la mirada y extender la visión. Al igual que entonces, hoy también tendemos a fijar la mirada hacia abajo y ver sólo a poca distancia. Pero cuando levantamos los ojos, el panorama se nos agranda y la visión se nos puede ampliar hasta límites insospechados.

LOS CINCO CAMPOS MENOS ALCANZADOS
Casi todos estos campos misioneros son prácticamente vírgenes, dado que allí no hay iglesias, y si las hay, no están en condiciones de llevar adelante por sí solas la tarea evangelizadora con eficacia. Esta situación reclama el esfuerzo misionero pionero y transcultural procedente desde otras latitudes. Es decir, que en la gran mayoría de estos campos habrá que llegar por primera vez con el evangelio, el idioma y las costumbres diferentes para dar a conocer el amor de Jesucristo a los que poco o nada han oído hablar de El. Recién entonces, se podrá comenzar a ver nacer iglesias en esas culturas.

EL MUNDO MUSULMÁN
El reto del mundo musulmán incluye unas 35 naciones que se extienden desde Mauritania, en el Africa Occidental, hasta las islas de Indonesia en el Pacífico. Cubriendo la extensa y desértica región sahariana de Africa del Norte (Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia), así como el Medio Oriente (Egipto, Jordania, Siria, Turquía, Arabia Saudita, Yemen, Irak, los estados del Golfo Pérsico, Afganistán y Pakistán), y el Lejano Oriente (Bangladesh, Malasia e Indonesia), el manto del Islam impera en todas ellas en más de un 90%.
En los últimos años, esta religión ha experimentado un avivamiento sin precedentes en sus 1300 años de historia debido, principalmente, al poder que han adquirido mediante sus cotizados petrodólares.
Son seguidores de Mahoma, su fundador, quien vivió entre los años 570 y 632 de nuestra era. Su dios es Alá y junto al Judaísmo y al Cristianismo, el Islam forma el grupo de las únicas religiones monoteístas del mundo. Su libro sagrado es el Corán, de tamaño aproximado al Nuevo Testamento. Es una religión básicamente legalista, que acepta la autoridad de la Biblia en el Antiguo Testamento pero rechaza al Nuevo por haber sido "falsificado" por los cristianos. No aceptan la divinidad de Cristo, su muerte en la cruz, su resurrección ni la existencia de la Trinidad. Consideran a Jesús (Issa) como a tantos otros profetas. La revelación de Dios tiene su culminación en el "mayor" de los enviados de Alá: Mahoma.
Ven con recelo y resentimiento al cristianismo, como una religión occidental que ha dejado sus hondas y amargas cicatrices, particularmente entre los árabes, por las guerras que libraron las Cruzadas en la Edad Media para recuperar el Santo Sepulcro de las manos de los musulmanes. Además de esto, el colonialismo europeo y anglosajón que dominó a la mayoría de todos estos países durante los últimos 200 años, junto a la moderna exportación de inmoralidad, pornografía, armamentismo y corrupción que producen para el resto del mundo los países del denominado Occidente "cristiano", han creado un marcado rechazo de los musulmanes hacia todo lo concerniente al cristianismo.
Alrededor de 1.000 millones son los seguidores de Mahoma, lejos del verdadero Dios y con necesidad de hallar verdadera paz y perdón para sus pecados. El trabajo misionero, a pesar de lo prolongado y perseverante que ha sido en ciertos casos, ha dejado pocos resultados visibles. Las iglesias son escasísimas y, mayormente, a nivel de reuniones caseras, muy a menudo en la clandestinidad, ya que se interpreta la conversión a otra religión como un acto de traición a su ser nacional y racial. Debido a esta situación de hostilidad hacia el cristianismo, todo esfuerzo misionero que se haga debe ser realizado con la correspondiente discreción y en muchos casos de manera subterránea, como en los países comunistas.
Un cálculo estimativo señala que entre las naciones islámicas trabaja un misionero evangélico por cada medio millón de habitantes. Esto nos habla con toda claridad, de que se trata del campo misionero más necesitado del mundo. Y las oportunidades, a pesar de todos los obstáculos que pudieran presentarse, se están abriendo con particular atractivo a los misioneros latinoamericanos.

LA EUROPA POSCRISTIANA
En segundo lugar, concentremos la atención en la Europa poscristiana. Tradicionalmente se ha aceptado a Europa como un continente cristiano, llámese así por la expansión de la iglesia primitiva, el catolicismo de tantos siglos, o la Reforma, en el siglo XVI. La mayoría de los misioneros que dieron origen a las iglesias evangélicas de Latinoamérica vinieron en un principio de las latitudes nórdicas del viejo Mundo, sin olvidar la llegada de los sacerdotes, frailes y misioneros católicos españoles y portugueses durante el tiempo de la Conquista y Colonización.
Pero la situación ha ido cambiando drásticamente en esta última parte del siglo XX. El secularismo, el materialismo, el consumismo y la apatía han vaciado progresivamente a la iglesia europea, tanto católica como protestante o evangélica. El liberalismo teológico ha invadido prácticamente casi todos los seminarios y facultades que provienen de la Reforma.
A Europa la podemos dividir en tres:
La Europa del Norte o anglosajona y protestante; la Europa del Este detrás de la cortina de hierro bajo dominación comunista atea; y la Europa del Sur, latina y católica ortodoxa. En esta última podemos ubicar a Portugal, España, Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo, Austria, Yugoslavia, Albania y Grecia. En comparación a lo que se da en nuestro continente, las iglesias evangélicas en aquellos países por lo general, son pequeñas, sin muchas fuerzas espirituales y languidecientes, influidas marcadamente por el secularismo y el confort. En Argentina o Colombia, por ejemplo, viven tantos evangélicos como en el conjunto de estos 10 países europeos mencionados más arriba.
España, con 40 millones de habitantes, no tiene ni 50.000 evangélicos, pero sí 100.000 musulmanes. En 7.000 poblaciones no hay ningún testimonio evangélico establecido. En Francia hay más de 2 millones de musulmanes. Allí el secularismo y el ocultismo asumen ribetes preocupantes. Italia posee una proporción de misioneros muy escasa y todavía tiene miles de poblaciones sin testimonio.
A lo largo de los últimos 80 años se han dado significativas corrientes migratorias de estos países a diversos puntos geográficos del continente sudamericano, particularmente a la región sudeste del Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Venezuela. Miles de estos inmigrantes católicos que vinieron a las tierras del Nuevo Mundo en búsqueda de nuevos horizontes, se convirtieron al evangelio y hallaron la salvación eterna en Cristo. Es lógico ahora suponer que algunos de ellos mismos, o sus hijos y nietos, vuelvan a las tierras de sus ancestros y compartan las buenas nuevas de la redención por la gracia de Jesucristo que hallaron aquí.

EL CIRCULO ASIÁTICO
En tercer lugar consideremos al círculo asiático. Es un círculo de 3.300 kilómetros de radio en el que están comprendidos unos 20 países. Encierra más de la mitad de la población mundial. Sumemos a los 1.100 millones de chinos, los 750 de la India, los 100 de Bangladesh, más los habitantes del sudeste asiático, parte de las islas de Indonesia. Así llegamos a la friolera de más de 2.500 millones de almas; es la mitad de la humanidad. Se calcula que la proporción de aquellos que viven en esta área y se encuentran fuera del alcance del evangelio sin ninguna iglesia o cristianos a su alcance, supera el 80% en esta área tan densamente poblada del planeta.
Sin embargo, no podemos omitir de hacer dos importantes consideraciones al mencionar la situación del Lejano Oriente. Por un lado, el caso de Corea del Sur, que con su perdurable avivamiento y sorprendente crecimiento hace ascender en la actualidad el porcentaje de los evangélicos a cerca de un 20% de su población. No acontece lo mismo en su hermana Corea del Norte. Ninguna de las dos están comprendidas dentro del círculo asiático. Por otro lado, la situación de China comunista, que luego de la muerte de Mao Tse Tung (1976) ha abierto moderadamente las puertas y permitido comprobar (con admiración y alegría para el resto del mundo libre), que el pueblo del Señor, a lo largo de más de 3 décadas de régimen de terror y despotismo marxista, no sólo pudo sobrevivir valerosamente sino también multiplicarse y crecer hasta tal punto que, según investigaciones recientes, los creyentes detrás de la cortina de bambú pueden superar los 50 millones. Es innegable que el avance evangélico, tanto en Corea del Sur como en China, obedece evidentemente a un claro y soberano mover del Espíritu Santo.
En el resto de los países enmarcados en este círculo reina una situación muy distinta. India, la mayor democracia del mundo, tiene una población tan grande como la de toda Sudamérica y Africa juntas. Los cristianos evangélicos apenas llegarían a un 0,26% de su población. Existen centenares de castas diferentes y se hablan 15 idiomas nacionales; más 1.600 otros lenguajes y dialectos. El hinduísmo, que es la religión de la mayoría, adora a unos 300 millones de dioses distintos. Recordemos que en su idolatría, detrás de todas sus prácticas religiosas subyace el elemento netamente demoníaco. La Biblia declara que "… lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios (1 Co. 10.20).
Creen en la reencarnación de las almas, razón por la cual no comen carne de vaca ni matan ratas u otras plagas que inutilizan sus cultivos.
Durante milenios, la ignorancia y superstición idolátrica ha mantenido en oscuridad a este enorme subcontinente. Procuran infructuosamente, mediante prácticas de rigor ascético y baños de ablución en el río sagrado Ganges, encontrar la pureza y perdón de sus pecados que sólo Cristo puede ofrecer. Muchos padres sumergen a los recién nacidos en este río (uno de los más contaminados del mundo) para "fortalecerlos". Si soportan el baño, son dignos de vivir.
Junto al induísmo también el budismo, islamismo, confucionismo, taoismo y jainismo son religiones prevalecientes en estos países asiáticos. Una fuerte vinculación a las genealogías, la meditación transcendental y sistemas filosóficos varios sostienen la práctica religiosa de incontables almas eternas. Millones se hallan allí sumidos en la más densa oscuridad espiritual porque la luz del Evangelio no les resplandeció aún.
Es llamativo destacar que la iglesia católica, en vísperas de celebrar dentro de poco los 500 años de labor misionera en América Latina, no oculta el hecho de movilizar con fines estratégicos a sus fuerzas religiosas desde nuestro continente en dirección a Asia, dado la bajísima densidad clerical en aquellos lugares, en contraste con la situación que vive Latinoamérica. ¿No debiera esto movernos a nosotros, los evangélicos, a replantearnos seriamente, cuál será el rol que América Latina habrá de jugar en la evangelización de Asia?

LOS GRUPOS TRIBALES
Estos se encuentran dispersos en todos los continentes, pudiendo encontrarlos tanto en la selva amazónica, en el desierto del Kalahari o en las islas de Filipinas. Pueden ser grupos pequeños de apenas unas cuantas decenas de componentes o llegar a varios millones. Hablan unos 3.500 idiomas distintos y pueden sumar unos 300 millones de individuos nucleados en alrededor de unos 6.000 grupos. Algunas tribus viven integradas o en cercanía a los centros poblados de las grandes urbes. Otras, por el contrario, aisladas de la sociedad moderna, se encuentran viviendo todavía en la edad de piedra.
Una tribu es un grupo de personas con una misma lengua, semejantes costumbres, que se sienten como un grupo distinto a todos los demás. Su ascendencia se remonta a una procedencia común, ya sea a través de la rama femenina o masculina. La tribu da a cada integrante un sentido de pertenencia y seguridad. La mayoría de ellas son animistas. Su culto consiste en adorar y apaciguar a los espíritus que, según sus creencias, habitan en la creación (la luna, el sol, los árboles, las piedras, etc.). Son habituales sus prácticas mágicas y de brujería.
Aproximadamente existen unas 5.000 de ellas que aguardan ser alcanzadas de manera efectiva con el mensaje redentor de Jesucristo. A lo menos, unos 736 idiomas necesitan definitivamente ser analizados y estudiados por primera vez para dar comienzo a la traducción de la Biblia. Estos proyectos demandan muchos años de trabajo paciente, a veces bajo condiciones climáticas muy adversas y traslados a rincones apartados de nuestro globo.
Es tiempo que tengamos de lo mejor de nuestros hombres en aquellos lugares inalcanzados trabajando como pioneros para Cristo.

RUSIA Y AFRICA NEGRA
La U.R.S.S., que se extiende ampliamente desde Europa hasta el estrecho de Bering da albergue a 280 millones de habitantes que hablan 65 idiomas oficiales. Es un gran campo misionero con profundas necesidades y sin libertades como las que conocemos nosotros en esta otra parte del mundo. Hay creyentes que mantienen viva su fe y esperanza en Cristo, a pesar de las lágrimas que han tenido que derramar. Debido al gran vacío y hambre espiritual que siente provocado por un régimen materialista y ateo que impera desde hace 70 años, en algunas regiones del interior han habido muchas conversiones en tiempos recientes.
África no es todo un continente negro como habitualmente se cree. La región superior, desde el Mar Mediterráneo hasta aproximadamente el paralelo 20 de latitud norte, es árabe y musulmana. Al sur de ese límite, se torna "negra y cristiana". En algunas de esas partes del continente africano el crecimiento del cristianismo asume características excepcionales por su rapidez inusual, aunque, en muchos casos, es difícil evitar caer en el sincretismo con las religiones tribales propias de sus culturas.

FALTA MAS DE LA MITAD
En síntesis, los cinco campos misioneros menos alcanzados del mundo que hemos querido presentar en el presente artículo, representan aproximadamente la mitad de la población mundial. Podríamos ilustrarlo apuntando al hecho de que si todo el denominado mundo cristiano asciende a un cuarto de la población mundial, otro cuarto de la población no es cristiana y vive dentro de un contexto donde el evangelio es conocido, pero… la otra mitad de la población mundial, no sólo no es cristiana, sino que vive aislada de todo contacto con cristianos en su propia comunidad o cultura.
Ellos no llegarán a tener contacto con cristianos, a menos que cristianos de otras partes se acerquen a donde ellos viven. Para algunos, esto significará cruzar un río o una montaña. Para otros, tener que embarcarse o tomar un avión. Sea como fuere, llegar a tantos millones de inalcanzados –más de 2.500–, requerirá aprender un nuevo idioma, adaptarse a otro medio ambiente y convivir en una cultura diferente. Esto es lo que se denomina comúnmente como misiones transculturales. De ahí que con los acostumbrados métodos evangelísticos que usamos en nuestras iglesias, que son monoculturales, nunca podremos llegar a alcanzar a esa otra mitad del mundo que aún permanece fuera de la influencia directa de la iglesia de Jesucristo, a no ser que se efectúe un esfuerzo deliberadamente transcultural por llegar a ellos.
Todo parece indicar a las claras que Latinoamérica ha sido llamada a desempeñar un rol protagónico y decisivo en dar cumplimiento a la Gran Comisión en el resto del mundo, sea en Africa, Asia o Europa. En muchos de los países que hemos considerado anteriormente existen posibilidades favorables para la entrada de misioneros latinoamericanos, entre otras razones, debido a cuestiones de identificación sociopolítica y cultural que se da por pertenecer al comúnmente denominado Tercer Mundo.
La acostumbrada concepción de ver a los misioneros anglosajones del Atlántico Norte como los únicos que viajan al extranjero para misionar, va llegando rápidamente a su fin. Dios está levantando a un creciente ejército, al presente, de más de 20.000 misioneros del Tercer Mundo, que ya han cruzado las fronteras nacionales, lingüísticas, culturales y sociales para llevar el evangelio y establecer iglesias adonde Cristo aún no fue nombrado.
Se habla de que hay más de 30.000.000 de creyentes en América Latina, lo cual representa todo un verdadero potencial para terminar la tarea de la evangelización mundial. Si deseamos ver a nuestras iglesias latinas madurando verdaderamente en todo sentido, no podremos postergar más involucrarnos de lleno en la corriente misionera mundial. A la par de continuar llevando a cabo la tarea local, simultáneamente habremos de participar con nuestros mejores recursos a fin de que pronto llegue el momento glorioso cuando el que está sentado en el trono tenga "…redimidos para Dios de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas" que le alaben por toda la eternidad (Ap. 7.9).