jueves, 17 de junio de 2010

Corte Suprema de EE.UU, por Primera Vez sin Jueces de Fe Protestante


Obama ha propuesto como jueza del tribunal a Elena Kagan, judía y antigua decana de la facultad de Derecho de Harvard, quien se constituirá en la tercera mujer en acceder al Supremo y la cuarta en la historia de Estados Unidos.
Elena Kagan será la tercera judía en el banquillo, y su presencia dejará al tribunal por primera vez sin un solo protestante entre sus miembros. Con su incorporación, el Supremo quedará integrado por seis jueces católicos y tres judíos, todos ellos abogados de Harvard y Yale. Kagan será la más joven de sus nueve miembros y la segunda mujer neoyorquina que elige Obama para el órgano en menos de dos años. El presidente estadounidense ha dicho que la primera mujer decana de la facultad de Derecho de Harvard es "ampliamente aclamada como una de las mentes legales más brillantes del país", que "se ha ganado elogios de los observadores a lo largo y ancho del espectro ideológico". Obama destacó también "su carácter abierto a muchos puntos de vista", y como ejemplo recordó que cuando Harvard se había ganado fama de estar "un poquito" hacia la izquierda, "ella fichó prominentes académicos conservadores para estimular un debate saludable en el campus".
DESEQUILIBRIO
Justamente este hecho mencionado por Obama ilustra una de las características de Elena Kagan que preocupa a las bases de izquierda, ya que consideran perdida la oportunidad de equilibrar el máximo tribunal de justicia estadounidense cuyos jueces deciden con carácter vitalicio la política y las normas que rigen a la sociedad estadounidense. A la Casa Blanca le interesa que pueda ser aliada de los jueces conservadores porque espera que atraiga el voto bisagra del juez Anthony Kennedy, con quien parece simpatizar. El año pasado, Kagan fue ratificada en el Senado para el cargo de procuradora general, con 30 votos en contra. Fue precisamente ahí donde dio a conocer algunas de las opiniones que molestan a los más progresistas. Como su idea de que la pena de muerte se puede aplicar más ampliamente sin entrar en conflicto con la legislación internacional, o de que los sospechosos de ayudar a financiar a Al Qaeda deberían ser tratados como combatientes enemigos y por tanto sujetos a detención ilimitada sin juicio. Llama la atención que en un país de mayoría protestante, ninguno de los jueces profesen esta fe, algo que puede llevar a multitud de análisis, pero que en cualquier caso es una situación excepcional.