sábado, 22 de enero de 2011

La Biblia y la Homosexualidad


El tema de la Homosexualidad es un intenso factor de conflictos ideológicos y valóricos en las Iglesias Cristianas. Las prácticas homosexuales pueblan hoy la dura controversia teológico-doctrinal en que se enfrentan teólogos (autodefinidos como “gay”, homosexuales y heterosexuales) partidarios de “normalizar”el modelo homosexual como una propuesta asimilable por la ortodoxia religiosa, con otros teólogos (generalmente heterosexuales), que se oponen a “reconocer” en las corrientes homosexuales el reclamado “estatuto de legitimidad ética” que “normalizaría” las pretensiones tercer-sexistas y la validación eclesiológica cristiana de ese modelo como un “bien social deseable”. Desde un ambiente bíblico la pregunta tiene el siguiente sentido: ¿ Puede conciliarse el estilo de vida homosexual con los principios doctrinales de orden bíblico ? Necesariamente en la discusión dialógica aparece el concepto de “pecado”, entendido como la conducta humana opuesta, conscientemente discordante ( aunque a veces difícil de manejar por la voluntad individual ), con las exigencias valóricas expresadas por el Dios de la Biblia. En estas reflexiones, no pretendo hacer un desarrollo casuístico de la textualidad bíblica en relación con el tema, sino transmitir mis percepciones, pretendiéndolas fundadas teológicamente, para orientar y entender tan compleja cuestión:

  1. 1. La propuesta bíblica de los orígenes ( el Libro de Génesis) proveída e instalada por Jehová-Dios en y para las sociedades humanas, valida la heterosexualidad como comportamiento sexual exigible. El modelo a imitar y cumplir es único y deriva de la relación de pareja MUJER-HOMBRE. La no mención del homosexualismo, en el acto creacional de lo humano, de ninguna manera puede leerse como un gesto de permisividad para su práctica futura. La normalidad bíblica de las relaciones sexuales tiene como sola expresión a la interacción entre los géneros masculino y femenino.
  2. 2. Leer, analíticamente, el texto bíblico integral en su globalidad, nos lleva a la necesaria conclusión de que ninguna expresión o “sentido” permite siquiera inferir interpretativamente la “aprobación” ética y social de relaciones sexuales diferentes a las que se establecen en el Libro de Génesis 1 y 2.
  3. 3. La cuestión ética bíblica es nítida y clara en los textos referidos al hecho homosexual: contiene una connotación negativa evidentísima que lo deslegitima como eventual “modelo sexual deseable”.
  4. 4. El modelo sexual propuesto por el Dios de la Biblia, con los contenidos de amor y fecundidad (procreación), es ineludiblemente el “heterosexual”, el que se define en las relaciones de pareja mujer-hombre, y que tiene su mejor realización en el matrimonio monógamo.
  5. 5. Las Escrituras son coherentes testimonialmente cuando reprueban las conductas homosexuales efectivas.
  6. 6. La condición homosexual no expresa la voluntad del Dios Bíblico relacionada en las Escrituras, por lo que no debe pretendérsela como un bien, como un valor deseable ni para la persona humana, ni para la vida de pareja.
  7. 7. El Apóstol Pablo, realiza diversas citas del hecho homosexual en sus variadas cartas a los cristianos de la época. En el libro de Romanos 1, 18-32 , particularmente los versículos 23 a 28, figura la dura crítica a las prácticas homosexuales: “Por lo cual Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos… Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío…”. En 1ª. de Corintios 6: 9-11, Pablo advierte a quienes escribe que si no cambian sus conductas no heredarán el Reino de Dios : “ ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis ; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”. En la Epístola a Timoteo, 1ª. carta, 1: 8-11, el Apóstol advierte contra falsas doctrinas: “Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuantos se opongan a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.” El Antiguo Testamento contiene numerosas normas sobre valores sexuales que deben ser asumidos por los creyentes, como, a título de ejemplo, se escribe en: Exodo 20:14; Proverbios 5: 1-23; Deuteronomio: 22: 20-21 y 23: 17-18.
  8. 8. El tema de la homosexualidad en la Biblia ocupa pasajes específicos en los ámbitos de “pecados”. Son otros los comportamientos sociales que generan “voces” y condenas más radicales del Dios de Jesucristo, y del Mesías mismo: a saber, la idolatría, la injusticia, el adulterio, la opresión, la promiscuidad, la no hospitalidad, el pecado de apropiación (del poder, de la vida, de la justicia, de la riqueza, etc.), y otros.
  9. 9. La evidencia eclesiológica histórica demuestra que lo católico, lo protestante, y lo evangélico, respecto de la homosexualidad se han pronunciado, tradicionalmente, de manera negativa; unos argumentando “derecho natural y escrituras” y otros los “datos bíblicos”.
  10. 10. Una aproximación analítica a los pasajes bíblicos que “tocan” el tema homosexual, provista de los adecuados medios técnicos para tratarlo con objetividad, nos exige tener en cuenta el contexto histórico, la situación cultural, y el “momento social” en que los hechos acontecen, y a morigerar la responsabilidad de las conductas homosexuales en los sucesos colectivos (es el caso del relato sobre Sodoma y Gomorra, donde la “ira” se desata para responder a los componentes de “pecado” - incluido el de homosexualidad -, y que es cometido por seres humanos, entre ellos visualizables heterosexuales), evitando proyectar conductas del pasado para adicionarlas a una condena poco fraternal y, muchas veces injusta, en perjuicio de personas homosexuales que, también, son destinatarias del mensaje cristiano y de la opción de cambio hacia una vida más plenamente sujeta a la libertad en Cristo... que promueve el valor de lo heterosexual.
  11. 11. En la Biblia se rechaza las conductas homosexuales en tanto que expresan “ desórdenes ético-conductuales ”, de la misma manera que se rechaza “ desórdenes ético-conductuales ” de individuos heterosexuales.
  12. 12. La tendencia homosexual, bíblicamente, es leída como una conducta impropia que debe ser corregida para llevarla, éticamente, desde sus implicancias de minusvaloración de la sexualidad humana, hasta la heterosexualidad, conforme al modelo de la propuesta creacional.
  13. 13. En las tareas pastorales, la homosexualidad en tanto que se expresa concretamente en seres humanos, debe ser abordada con respeto hacia los que “sufren” o “asumen y promueven” la práctica de esta forma de vivir las relaciones de pareja y las consiguientes expresiones de una sexualidad que se opone a los cánones bíblicos valóricos. No es la sanción represiva la forma de asistir espiritualmente a los seres humanos que viven la, muchas veces, traumática experiencia homosexual, más allá de que se pretenda, por algunos de quienes la “viven”, proponerla como una “opción libre y deseable”, como un “modelo a imitar”.

Erick Frédëzs Acevedo