lunes, 20 de octubre de 2014

“Las pruebas de la resurrección atraen a los escépticos”



El escritor parte de la coherencia interna del relato neotestamentario para reafirmar las bases de la fe histórica en la resurrección de Cristo.



La resurrección de Jesús es uno de los puntos básicos de la fe cristiana, y por ello, también uno de los más cuestionados desde el escepticismo. Sin embargo, las evidencias de la resurrección están ayudando a una generación escéptica a acercarse a la fe cristiana, explicó Gary Habermas, director del Departamento de Filosofía y Teología en la Liberty University, durante una conferencia en el congreso de apologética que organizaba el Southern Seminary, que tuvo lugar este pasado fin de semana. 

Habermas es un experto en el estudio de la resurrección de Jesucristo. Ha escrito 18 libros y más de 100 capítulos de libros y artículos de revistas sobre el tema. Su próximo libro espera transmitir a lo largo de 3.000 páginas el trabajo de su vida. 

La resurrección como hecho histórico ha recibido muchos ataques desde el campo académico, reconoce Habermas. Uno de los críticos que mencionó fue Bart Ehrman, ex cristiano evangélico que se ha convertido en agnóstico. Actualmente Ehrman es Profesor de Estudios Religiosos en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, y ha escrito o editado más de 25 libros sobre la vida de Jesús y el Nuevo Testamento. Varios de sus libros han aparecido en la lista de más vendidos del New York Times, incluyendo el reciente “Cómo Jesús se convirtió en Dios: La Exaltación de un predicador judío de Galilea”. 

EVIDENCIAS DESDE TEXTOS “ACEPTADOS” POR LA CRÍTICA 

Para contrarrestar estas corrientes, Habermas dijo que en sus estudios sólo utiliza pruebas aceptadas por los críticos, aquellos que niegan que la resurrección ocurrió. Dado que los críticos admiten que Pablo era un personaje histórico, tuvo una experiencia de conversión genuina y escribió siete de las trece cartas del Nuevo Testamento, Habermas se centra en siete epístolas paulinas (Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses y Filemón) para sus estudios. 

En particular, 1 Corintios 15 es un pasaje central. Los críticos también reconocen que Pablo tuvo su experiencia de conversión entre uno y tres años después de la muerte de Jesús, explica Habermas. En Gálatas, Pablo señaló que fue a Jerusalén tres años después de eso. Catorce años después, según cuenta Pablo en Gálatas 2, regresó a Jerusalén y se encontró con tres personas que conocían mejor a Jesús - Santiago, Juan y Pedro. Teniendo en cuenta que algunos críticos - como Ehrman - no acepta la autoría tradicional de los cuatro Evangelios, esta reunión sería el relato más antiguo de personas que habían sido testigos de la vida de Jesús, dice Habermas. 

LA IMPORTANCIA DE LAS CARTAS DE PABLO 

Parafraseando Gálatas 2: 2 (“subí por causa de revelación y les presenté el evangelio que predico entre los gentiles, pero lo hice en privado a los que tenían alta reputación, para cerciorarme de que no corría o había corrido en vano”) 

Habermas dijo que es en ese segundo encuentro en Jerusalén donde Pablo comparó lo que había estado predicando con lo que los otros apóstoles habían estado predicando, para comprobar que todos compartían el mismo mensaje. “Esto es importante” explicó Habermas, “porque significa que el mensaje del Evangelio se predicaba sólo uno o dos años después de que Jesús muriese en la cruz”. 

En otras palabras, si Santiago, Juan, Pedro y Pablo predicaban el mismo mensaje, y los primeros lo hicieron aún antes que Pablo, y aún los críticos reconocen que este mensaje se predicaba uno o dos años después de la crucifixión. “Se trata de una evidencia que aún los críticos con la historicidad de los evangelios o el libro de Hechos reconocen”, explica Habermas. Estos relatos de los primeros testigos que incluso los críticos aceptan son “argumentos muy importantes para defender la resurrección” como hecho histórico, dijo Habermas. “Es por eso que una generación de escépticos están abiertos a la evidencia de la resurrección hoy”, agregó.